El mundo al revés.
El mundo al
revés. Cuando amar a los animales se convierte en una ideología y matar a los
hijos en derecho
POSTED BY: MONTSERRAT SANMARTÍ FERNÁNDEZ 17/03/2017
Estábamos mi marido y yo tomándonos el café de la
mañana, cuando, en las noticias, escuchamos que el Secretario General de
Podemos, Pablo Iglesias, tuvo ayer una intervención en el Congreso de los
Diputados, durante el dictamen de la comisión de asuntos exteriores sobre
convenios. En dicha intervención, el líder de Podemos recordaba el
convenio firmado en Estrasburgo el 13 de noviembre de 1987, protegiendo a
las mascotas y animales de compañía contra ciertas prácticas como la amputación
del rabo o las orejas por razones estéticas. En su discurso apoyaba a los
partidos animalistas que, comenta, tanto han luchado por hacer que se ejerzan
dichos derechos, ya que ello contribuye, según Iglesias, a que España sea un
país más humano.
Mi marido me ha dicho: ¡Esto es de locos! Vivimos
en un país donde matar bebés es un derecho, pero donde cortarles el rabo o las
orejas a los animales por razones de estética pretende ser penalizado. Nosotros
no somos favorables a que se les haga daño a los animales, dicho sea de
paso, y creemos que en justicia, nadie debiera hacerles sufrir por capricho o
sadismo. Los animales son creaturas de Dios y también están dotadas de
sensibilidad frente al dolor.
Pero mi pregunta es si quienes nos gobiernan son
capaces de comprender que, muchas veces, con sus afirmaciones tajantes,
solo ven una parte, la que ellos quieren ver, la que un sector de la sociedad
demanda. Traigo ahora a colación algo que es desagradable, lo sé, algo de lo
que nadie quiere hablar, porque es molesto, y que algunos han decidido que
sea un “derecho”, obviando la crueldad y el maltrato, en este caso, no a un
animal, sino al propio ser humano, a uno de nuestra propia especie, al que no
solamente se le hace sufrir sino que no se le deja nacer y se le asesina
vilmente.
Sabemos que el partido de Podemos es favorable al aborto abiertamente y bajo toda
circunstancia. Quisiera preguntarle a Pablo Iglesias si lo tuviera delante: ¿Es
hacer una sociedad más humana el no amputar ciertas partes de los animales,
pero permitir asesinar a un no nacido de forma cruel e intensamente dolorosa,
como en el caso del curetaje, del envenenamiento salino o de nacimiento
parcial? ¿Aguantaría “el coletas” lo que voy a mostrarles a ustedes, estimados
lectores? Si no puede soportar ver que se le corte el rabo o las orejas a una
mascota, por lógica, no debiera soportar ni por un segundo lo que ahora les
relato. Si alguien puede entrar en la “casa de los horrores” y
soportar lo que les muestro, entenderá la tremenda hipocresía de quienes abogan
por el “no al maltrato animal”, pero permiten el asesinato
cruel y despiadado de uno de su propia especie.
Aborto por dilatación o curetaje
En este método se utiliza una cureta o cuchillo
provisto de una cucharilla filosa en la punta, con la cual se va cortando al
bebé en pedazos con el fin de facilitar su extracción por el cuello de la
matriz. Durante el segundo y el tercer trimestre del embarazo el bebé es ya
demasiado grande para extraerlo por succión; entonces se utiliza el método de dilatación
y curetaje. La cureta se emplea para desmembrar al bebé, sacándolo luego en
pedazos con ayuda de los fórceps. Este método está convirtiéndose en el más
usual.
Aborto por solución salina
Dicho
método, consiste en la extracción de una cierta cantidad de líquido amniótico,
el líquido que envuelve al bebé en el seno materno, e introducir a cambio una
solución salina que quema y envenena la piel extremadamente sensible del bebé.
Una muerte cruel y despiadada. El bebé fallece al quemarse por fuera, y por
dentro al tragar la solución. Su cuerpecito es expulsado íntegro con quemaduras
de apariencia oscura.
Aborto
por nacimiento parcial
Este
es el método más espantoso de todos, pues suele hacerse cuando el bebé se
encuentra muy próximo al nacimiento. Después de haber dilatado el cuello
uterino durante tres días y guiándose por ecografía, el abortista introduce
unas pinzas y sujeta primero una pierna, después la otra, seguida del
cuerpo, hasta llegar a los hombros y brazos del bebé. Así extrae parcialmente
el cuerpo del pequeño, como si éste fuera nacer, salvo que deja la cabeza
dentro del útero. Como la cabeza es demasiado grande para ser extraída intacta;
el abortista, entierra unas tijeras en la base del cráneo del bebé que
está vivo, y las abre para ampliar el orificio. Entonces inserta un catéter y
extrae el cerebro mediante succión. Este procedimiento hace que el bebé muera y
que su cabeza se desplome. A continuación extrae a la criatura y le
saca la placenta.
Respetamos
que Pablo Iglesias, tal como acaba diciendo en su intervención, aluda a su
tocayo, Pablo Neruda, y junto a él declare no creer en la existencia del Cielo,
aunque sí crea que tras su muerte se encontrará con su animal de
compañía para tener una amistad con él. Ya que no cree en el Cielo no sé
exactamente dónde será ese “reencuentro”. Nos importa un pimiento lo que crea o
no Pablo Iglesias. Al final, cada cual rendirá cuentas de lo suyo,
definitivamente. Pero desde luego, lo que no podemos aceptar de ninguna manera,
como católicos y como seres humanos, es que quien está al frente de la política
se burle de la memoria de los no nacidos, haciendo apología de los animales
cuando a los de nuestra propia especie se les mata y se les tortura de una forma
tan horripilante que hiere hasta al más inhumano de los hombres.
Señor
Iglesias ¿A ésto llama usted hacer un país más humano? ¡Ay, si me dejaran
y no me penalizaran por ello, cómo me gustaría cortarle a usted su
coleta! Esa coleta que luce de modo insurgente en el Congreso, a usanza
de rebeldía e insubordinación, y que junto a su inapropiada vestimenta le hace
indigno de pisar siquiera el hemiciclo. Por favor, señor Iglesias, deje su
hipocresía y demagogia y si tiene narices, vea con sus propios ojos lo
que se le hace pasar a un bebé para morir asesinado con el “despenalizado”
crimen del aborto. Ya después, si lo desea, hablaremos con
tranquilidad y buen entendimiento de los animales.
Montse Sanmartí

